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ESTIMULACIÓN PRENATAL DEL NIÑO


Durante el embarazo
La actividad biológica comienza en el momento de la fecundación. Pero, ¿y la actividad psicológica? ¿Podemos intervenir en el desarrollo del niño durante su vida intrauterina?

Como vamos a ver, la intervención es posible, aunque los efectos directos sobre el niño sean difícilmente cuantificables. Pero indirectamente, sólo el interés que muestran los papás por el desarrollo del niño desde el primer momento, redundará sin duda en su beneficio; de alguna forma estamos construyendo los lazos de afectividad sobre los que crecerá nuestro hijo.

Hoy es comúnmente admitido que la actividad psíquica comienza antes del nacimiento. En general podemos decir que a partir del 6º mes de embarazo el feto puede responder de manera unificada a estímulos ambientales. Es decir, durante el embarazo empieza a formarse la personalidad de nuestro bebé: así, no todos los neonatos tienen las mismas reacciones ante los mismos estímulos, a unos les molesta más la luz que a otros, o el calor, o el frío, unos son más inquietos que otros, más o menos irritables...

Lógicamente, los estímulos que interactúen con el niño, deben poseer ciertas propiedades para ser efectivos a través del líquido amniótico.


Relax con tu bebé

A partir del tercer mes de embarazo
El niño puede responder a cierta presión sobre el abdomen de la madre, en la zona del útero, en forma de ligeros masajes o caricias, que el niño percibirá como diferencias de presión en el líquido amniótico. Si esta práctica se realiza con regularidad a la misma hora del día, el niño puede llegar a habituarse a ella, incluso, respondiendo con algún movimiento. Este momento será uno de los primeros contactos “intencionales” con nuestro hijo.

A partir del quinto mes de embarazo
El sentido del oído comienza a funcionar y nuestra comunicación con el niño puede ampliarse. Podemos hablarle, y escuchar música con él. Suelen recomendar ciertos compositores clásicos (Bach, Mozart, Vivaldi...), pero, ¿qué sensaciones le transmitiremos a nuestro hijo si compartimos con él una de nuestras canciones favoritas de los Beatles?

Hablarle, esto es importante, que el papá y la mamá le hablen permitirá que el niño les conozca antes de nacer, y que cuando nazca pueda identificarles antes.

En cuanto nazca tu bebé comprobarás que una de las cosas que más le calma es un suave balanceo: ¿por qué esperar a proporcionarle este placer?. Si no existen contraindicaciones de tu ginecólogo, es bueno que pasees, que te muevas, la natación, la gimnasia o el yoga prenatales, o simplemente disfruta de un suave mecido con tu bebé en un sofá o una mecedora.


 

ESTIMULACION EN LA ETAPA DE 0 A 6 SEMANAS

La llegada del bebé: cómo calmarle y desarrollar sus sentidos

Durante este periodo el niño persigue principalmente su propia comodidad, y llora cuando no la consigue, lo que suele ocurrir por causas principalmente fisiológicas (hambre, sueño, intranquilidad, un pañal incómodo...)

La mayor parte de nuestras respuestas estarán encaminadas a proporcionarle la comodidad, la calma y la seguridad que el niño necesita, aprovechemos entonces para estimular sus capacidades.

Para empezar, algo que a todos los padres nos preocupa: ¿cómo calmarlo?:
Meciéndolo suavemente en brazos, o dentro del cochecito dando un paseo.
Si no está muy irritado puedes comenzar a introducir el chupete. Aunque veces el mejor chupete es su propia mano. Juega a pasarle el chupete por los labios, o por las mejillas para provocar el reflejo de búsqueda y succión.
Sujetándole con firmeza por debajo de los brazos (con los dedos le puedes sujetar la cabeza), y con sus pies apoyados sobre una mesa, prueba a elevarlo y bajarlo repetidas veces, deteniendo el vaivén bruscamente de vez en cuando.
Busca sonidos monótonos y suaves en casa, y prueba a mostrárselos, como un grifo de agua abierto aprovechando que se friega algo, el ruido de la lavadora o el lavavajillas, el ruido de un secador de pelo o el de un aspirador.
Cuando el bebé está solo debe permanecer boca arriba, y él mismo adoptará la postura que le resulte más cómoda, que suele ser con la cabeza girada hacia un lado, las extremidades de ese lado extendidas y las del lado contrario flexionadas. Es bueno cambiarle de postura cuando estamos con él: girándole con cuidado la cabeza para que él gire el resto del cuerpo; poniéndolo boca abajo durante un rato para que eleve la cabeza aunque sea durante unos segundos; balanceándolo suavemente sujetándole la cabeza (aún no la sostiene el sólo). De alguna manera esta es la primera gimnasia que hará nuestro bebé.

Desarrollo de los sentidos
Antes de las seis semanas el bebé no es capaz de ver bien los objetos cercanos y pequeños. Pero pronto comenzará a interesarse por el mundo que le rodea, así como por su propio cuerpo, comenzando por la mano, que empezará a llevársela a la boca o a dirigirla intencionalmente hacia un objeto que reclama su atención.

Todos conocemos los clásicos móviles que cuelgan del techo de la habitación o de la capota del cochecito de paseo.
Prueba a atar el móvil a una pierna o a un brazo del niño con una cuerda o una cinta suave.
Cuando el bebé se mueva, moverá el móvil, y poco a poco irá aprendiendo la relación que existe entre sus movimientos y los de el móvil.
Cambia de extremidad de vez en cuando. Vigila que el niño no se enrede con la cinta, que no se haga daño o le provoque alguna alergia o erupción cutánea. El móvil debe estar situado a una distancia entre los 20 y 50 centímetros del niño.
Es preferible que sea de colores vivos y contrastados. Como no lo va a coger puedes hacerlo tú misma con cartulinas, dibujando caras de rasgos marcados (el niño se fijará más en la zona que queda entre la nariz y el pelo). ¡Y si te ayuda el hermanito mayor a construir el juguete mucho mejor!.
El móvil debe estar colocado hacia un lado, no sobre el niño, (normalmente los niños a esta edad tienen la cabeza girada hacia el lado derecho la mayor parte del tiempo).

Prueba también a colocar dos espejos irrompibles a ambos lados de la cuna, algo inclinados por su parte superior, para que el niño se vea reflejado cuando gire la cabeza hacia ambos lados.

Desarrollo del lenguaje
Habla con tu niño. Háblale sobre lo que estáis haciendo, sobre lo que el niño ve o vive en ese momento: la comida, el baño, el cambio de ropa. Utiliza un lenguaje claro y sencillo, referido al aquí y ahora (queda mucho para que comprenda los conceptos de “pasado” y “futuro”). Acompaña algunas de las palabras con gestos: como los de “hola” o “adiós” o el de “dormir”. O comienza a numerar las cosas que le afectan, al menos hasta el número tres.

Comienza a jugar a “las imitaciones” (de gestos y sonidos): pronto descubrirás que este es uno de los principales medios de aprendizaje.

Proporciónale experiencias “distintas” (el cambio de ambiente, de luz, de temperatura, de texturas en la ropa), haciéndole a él partícipe de ellas, compartiéndolas, de manera que se sienta seguro y cómodo en cada nueva situación.


 

ESTIMULACION EN LA ETAPA DE 6 A 14 SEMANAS

Nuestro bebé comienza a interesarse por el mundo que le rodea

En esta etapa se producen una serie de cambios fundamentales que determinan la relación del bebé con el mundo: comienza a abandonar la actitud “más pasiva” de la etapa anterior, para mostrarse cada vez más interesado por el medio.

Debido a las lógicas limitaciones físicas y de movimiento, nuestro papel como padres (mediadores) será el de “poner el mundo al alcance de nuestro niño”.

Desarrollo de los sentidos
En este periodo su sentido de la vista madura extraordinariamente.
Al final del mismo podrá enfocar objetos lejanos, percibe bien las tres dimensiones y los colores (sus propias manos, que ya abre y cierra sin problemas, son objeto de largas exploraciones visuales).

Es el momento de presentarle objetos (a una distancia de entre 10 y 20 centímetros aproximadamente) para que pueda observarlos y tocarlos: nosotros le iremos explicando las características de lo que tiene delante de sí, nuestro papel es el de poner nombre a las cosas que el niño observa con atención.

Cómo estimular su curiosidad y la exploración del mundo que le rodea
Aún no es capaz de agarrar él solo esos objetos que le presentamos (sólo si se lo ponemos en la mano) pero le encanta golpearlos con la mano, incluso con los pies.
Además, cada vez tiene más fuerza. Proporciónale cosas con diferentes texturas, colores y tamaños; si no son muy grandes y pesados puedes colocárselos sobre el pecho para que él mismo los busque con las manos.
Ten en cuenta que en cuanto pueda sujetarlos se los llevará a la boca, desde luego si no se los puede tragar y no presentan ningún otro riesgo para él, déjale que los chupe y los muerda pues es uno de sus principales medios de exploración.

Es conveniente tener en cuenta que la variedad de objetos abarquen todas las posibles texturas y formas: liso-rugoso, suave-áspero, ondulado, arrugado, blando-duro, rígido-flexible, grande-pequeño, redondo-cuadrado.
Y no hace falta recurrir siempre a juguetes, ¿por ejemplo?: una esponja, una toalla, una caja de cartón, un tetrabrik vacío, una pelota de papel, bolas de algodón, diferentes piezas de tela o de ropa, un libro pequeño, un bote de crema, un simple globo relleno de arroz o de harina... ¿y por qué no introducir elementos naturales como la tierra, el césped, alguna planta, frutas... y de paso jugar también a descubrir nuevos olores?

Si alguno de los objetos además produce ruido mucho mejor (siempre que no sea estridente): los ruidos ya no provocarán una respuesta de evitación, sino que se orientará hacia ellos con interés.

A partir de los dos meses y medio aproximadamente pueden introducirse los juguetes del tipo: “gimnasio para bebés”, sobre todo los que se colocan en el suelo y le presentan un montón de objetos colgando para ver, escuchar, tocar y golpear.
Mejor que dejarle tumbado debajo del “gimnasio”, si es posible, colócale sentado en su sillita porque le costará menos mover los brazos, y no se cansará tanto de tenerlos estirados.

Desarrollo motor
Aunque su destreza de movimientos es aún muy limitada, llegados a este periodo, sus músculos se han fortalecido mucho. También en relación con su nueva orientación al mundo, uno de los mayores progresos es el del control de la cabeza: puede mantenerla en el centro del eje del cuerpo, comienza a orientarla intencionalmente, y según se acercan las 14 semanas cada vez la irá sosteniendo un poco más y mejor.

¿Cómo podemos ayudarle?: colocándole todos los días durante varios minutos boca abajo (aprovechando los momentos en los que está tranquilo, por ejemplo cuando vayamos a cambiarle los pañales).
Y si además colocamos un espejo delante suyo a unos 15-20 centímetros, le mantendremos muy entretenido.


 

ESTIMULACION EN LA ETAPA DE 6 A 14 SEMANAS

Nuestro bebé comienza a interesarse por el mundo que le rodea (II)

Un hecho importante de esta etapa es que comienzan a desaparecer muchas de las respuestas reflejas y automáticas de la etapa anterior. Esto indica una maduración del sistema nervioso. Por lo tanto, su conducta no será como antes una “mera respuesta ante un estímulo”, sino que cada vez será más intencional.

Desarrollo de la sociabilidad
Uno de los principales cambios que se producen en el bebé en esta etapa es la aparición de las primeras “sonrisas sociales”, es decir, las primeras respuestas sociales intencionales, aunque sean indiscriminadas porque sonríe a todo el mundo.
Puedes comprobar cómo a veces sonríe con la misma intensidad a una fotografía de su mamá que al rostro de su hermanito.
En definitiva, un nuevo mundo de relaciones y contactos sociales se despliega ante él, y con ello una fuente inagotable de nuevos aprendizajes.

Ya ha asociado su bienestar y la satisfacción de sus necesidades con la presencia de un adulto. Así, con nuestra simple presencia, comienza a anticipar la llegada del placer que le proporcionamos.
Sus muestras de alegría serán claras, como claras deben ser nuestras respuestas, para satisfacer también estas nuevas y más sofisticadas demandas de cariño.
En general, entre las 8 y las 10 semanas, el bebé suele estar habitualmente “de buen humor”, y la simple visión del rostro humano lo fomentará, pero no debe alarmarnos si a veces se muestra más serio, no olvidemos que esta “personita” es cada vez más compleja.

Crear rutinas
La aparición de estos nuevos patrones de aprendizaje nos permiten instaurar pequeñas y sencillas rutinas en relación con determinados momentos cotidianos del día, que deben resultar placenteros para el niño: la comida, el baño, el irse a dormir, el juego...
Así, el manejo del niño en esos momentos será más cómodo para nosotros los padres y también para el niño. Conseguiremos que no sean siempre las demandas del niño las que organicen nuestra jornada, sino también nuestras necesidades.
Basta con comprobar cómo el niño a partir de las 10 semanas, ante la simple visión del biberón comienza a succionar.

La imitación
Una de las formas básicas de aprendizaje del bebé es la imitación y la repetición. Empezaremos imitando nosotros sus gestos –faciales y corporales-, y progresivamente lograremos que sea él quien termine por imitarnos a nosotros.
En este periodo el niño comienza a realizar ruidos con la boca y la lengua, un anticipo de sus primeros balbuceos, éstos son buenos gestos para imitar, pues con estos ejercicios estamos construyendo los cimientos del habla.

El lenguaje
En relación con los ejercicios de imitación y con la creación de rutinas de la que hablábamos antes, podemos comenzar a crear sencillos gestos que acompañen a las palabras que dirigimos al niño.
Aprender a hablar (el lenguaje) es aprender a manejar símbolos y signos. Los primeros signos que podemos mostrar a nuestro niño como adelanto de las palabras son “los gestos”.
Los gestos que realicemos con las manos, los brazos, la cabeza y el rostro, deben ser sencillos y fáciles de recordar: el gesto de comer, el de dormir, el de estar enfadado, el de dar palmas cuando se está contento, el de decir adiós... y siempre los acompañaremos de frases sencillas, claras y cortas
Antes de que aprenda a hablar nuestro hijo se comunicará mediante gestos.

El juego y el entretenimiento del bebé
Cada vez resulta más fácil entretener a nuestro niño. Dado que ya es capaz de anticipar o prever ciertas conductas, sobre todo cuando se dan repetidamente, podemos empezar a introducir los juegos en los que un muñeco (o nosotros mismos) aparece y desaparece de su vista.
Cada vez más, la sorpresa es un elemento importante en su vida.

En general, dado que cada vez se interesa más por el medio, es bueno cambiarle de sitio con frecuencia (la cuna donde duerme y donde permanece despierto durante cierto tiempo) porque si tiene nuevas cosas que observar se mantendrá más tiempo entretenido.
Debemos variar su postura; moverle la cabeza despacio observando cómo él orienta el cuerpo en esa dirección; moverle los brazos hacia los objetos que le llamen la atención y estén a su alcance, y ayudarle a golpearlos o sostenerlos, aunque sea torpemente.


 

ESTIMULACIÓN EN LA ETAPA DE 3 A 5 MESES


Una mayor coordinación de los movimientos

En esta etapa asistimos a dos cambios fundamentales: por un lado el mayor interés por el entorno cercano que ya vimos en la etapa anterior se va a desarrollar hasta alcanzar también su medio más lejano; y en segundo lugar su capacidad de interacción social intencional será cada vez mayor.

Estimulación de la motricidad fina
Al final de esta etapa su capacidad para agarrar y manipular objetos pequeños estará muy desarrollada, así como su agudeza visual y la coordinación ojo-mano.
En torno a los 5 meses puedes empezar a jugar con él a esconder y buscar objetos. (Para comprender mejor el desarrollo de la visión del niño puedes consultar nuestro artículo: La visión del niño).
Esconde los objetos a su alrededor, entre la ropa de la cuna, entre su propia ropa... ayúdale a buscarlos, si hacen ruido mejor, y celebra el hecho de que los encuentre. Durante estos juegos no dejes de hablarle, de contarle lo que hacéis.

Estimulación de la motricidad gruesa
Cada vez tiene más fuerza en brazos y piernas. Cada vez coordina mejor sus movimientos, de manera que a lo largo de esta etapa comenzará a darse la vuelta el sólo y permanecerá bocabajo durante ciertos periodos de tiempo observando su alrededor. Aprovecha para situarlo en una manta sobre el suelo y juega con él a buscar objetos o a localizar sonidos que puedes hacer mientras te mueves en torno suyo.
Para esta etapa se comercializan algunos juguetes que recuerdan a un piano de pocas y gruesas teclas de colores, que se colocan en un extremo de la cuna para que el niño, al golpearlo con los pies (aunque también puede hacerlo con las manos), produzca diferentes sonidos.
En torno al final de esta etapa podemos probar a introducir uno de esos “saltadores” que se sujetan al marco de una puerta y que mantienen al niño “colgado” de unas cintas elásticas. Para este tipo de juguetes os hacemos las siguientes recomendaciones:
Suelen ser más cómodos y seguros aquellos que tienen parte de su estructura de plástico semirígido.
Asegúrate de que los enganches quedan bien sujetos, de que no se puede soltar, o de que el niño no se dará la vuelta sobre sí mismo.
Los pies deben apoyar en el suelo, y las piernas deben quedar ligeramente flexionadas. Mejor si está descalzo.
Al principio es bueno que un adulto esté con él y le ayude a balancearse; esto le dará tranquilidad y le ayudará a entender que se trata de un juego.
Si las primeras veces no le gusta o le da miedo, no conviene insistir.
Al final podrás dejarle solo, pero lo ideal es tenerlo siempre a la vista.
¿Durante cuánto tiempo?: 3 ó 4 periodos de 15-20 minutos al día puede ser suficiente.
¡No te cortes con la música!: ¿qué mejor momento para empezar a bailar?, cuanto más “movidita” mejor...

Más juguetes
Otro de los “juguetes” que pueden introducirse en torno al final de esta etapa (5-6 meses) es un “andador”.
Utilízalo poco a poco y siempre bajo tu supervisión. Igual que en el caso del “saltador”, debe sentir cierta presión en las plantas de los pies, para que mueva las piernas.
Al principio no conseguirá moverse, o muy levemente hacia detrás y luego hacia un lado.
El empleo de este “juguete” en un niño de 5 a 6 meses no tiene por objetivo “enseñarle a andar”, digamos que se trata de un entretenimiento que le permitirá hacer un poco de gimnasia y fortalecer sus músculos.

ESTIMULACION EN LA ETAPA DE 3 A 5 MESES

Una mayor coordinación de los movimientos II

Esta etapa es un momento clave para terminar de afianzar las relaciones emocionales de apego entre el niño y sus padres. En esta etapa el niño empieza a comprender la utilidad de la sonrisa como medio de interacción social; comienza a disfrutar haciendo felices a sus padres.

Relaciones sociales
Al final de esta etapa comienza a mostrar su preferencia por las personas conocidas frente a las desconocidas.
A partir de los 3-3,5 meses aparecen las cosquillas en el bebé. Otra forma de interaccionar con él por medio de la risa y el bienestar. A la hora del juego o como refuerzo no dejes de emplear las cosquillas.
De la misma manera que el niño aprende a emplear la sonrisa como herramienta de interacción social, antes incluso, habrá aprendido que el llanto es un arma muy poderosa para manipular a los padres. En general, durante este periodo, la norma debe ser que si el niño llora debemos atenderle, no dejarle llorar solo. Pero poco a poco podemos aprovechar alguna situación en la que tengamos la certeza de que con el llanto sólo quiere que se le coja en brazos o unos mimos, para enseñarle que no siempre podrá conseguir lo que quiere por esos medios. En cualquier caso lo mejor es no dar lugar a que el niño empiece a llorar porque nadie le hace caso: no desaproveches ninguna oportunidad de jugar con él, o bien, ahora que pasa algo más de tiempo despierto, que siempre tenga algo con lo que entretenerse él solo. De esta forma evitaremos tener que responder a sus demandas de juego y afecto.

 

El juego
El perfeccionamiento de sus capacidades perceptivas y manipulativas, y de su sociabilidad, nos van a permitir que los juegos que establezcamos con el niño sean cada vez más enriquecedores. Como hemos dicho, no esperes a que tu hijo te pida jugar (que lo hará llorando), ofrécele tú continuos momentos de diversión.
La mejor forma de jugar con nuestro niño es “siendo nosotros muy niños”... Nuestro papel será doble: por un lado el de ofrecernos como un espejo que repite e imita las conductas del niño (cuando tira un objeto, cuando lo golpea, cuando trata de cogerlo, cuando balbucea...) y por otro lado estaremos atentos a introducir variaciones: cambios en los objetos, en el tono de voz, en el ritmo, en los movimientos, en la postura.... Los juegos de repetición parecen no cansar a nuestro niño, pero no por ello debemos abstenernos de variarlos: que el muñeco no aparezca siempre por el mismo lugar, que no cuente siempre hasta tres, que no de siempre cuatro palmadas, etc...

Desarrollo perceptivo
Para los juegos en los que escondemos objetos o los hacemos sonar para que el niño se oriente y los busque, puedes construirte sonajeros muy sencillos con una botella pequeña de plástico (de agua mineral por ejemplo), rellenándola de diferentes materiales: arena, arroz, garbanzos, piedras... Ten en cuenta que al final, siempre acabará llevándose la botella a la boca. Procura que estén muy limpias y bien cerradas. Puedes quitar el papel que la recubre para que se vea el contenido.
Fabrica –si es con ayuda de un hermanito mayor, mucho mejor- una “cara de texturas”: recorta una cartulina o un cartón con cierta rigidez y construye un rostro pegando materiales de diferentes texturas: las cejas pueden ser de trapo rugoso, los labios de un material plástico, los ojos dos corchos, el pelo de lana, etc...
Hacia los 5-6 meses podrá asir un sonajero. Otra modalidad de sonajero: qué el mismo lo sea, ¿cómo?: atándole a la muñeca o a los tobillos uno o varios cascabeles.

Lenguaje
En esta etapa comprobarás que los balbuceos y los juegos que realiza con su boca y su saliva serán más frecuentes.
En torno a los 4,5 meses atiende y responde a su nombre.
Aprovecha sus gorjeos para hablarle, que comience a relacionar esos sonidos con el lenguaje. Aunque tú puedes jugar con él a imitarle, reproduciendo sus ruidos, es bueno que los adultos se dirijan al niño hablando con claridad y corrección.
A partir de los 5-6 meses es un bueno momento para comenzar a leerle cuentos, contando con su participación. Si le lees un cuento o le relatas una historia, hazle preguntas sobre lo que está pasando, como si fuese a responderte, aunque finalmente lo hagas tú.
Recuerda que el lenguaje debe ser lo más claro posible, por ejemplo, evita el empleo de pronombres: en lugar de decir: “el cerdito construyó la suya de ladrillo”, di: “el cerdito construyó su casa de ladrillo”.


 

ESTIMULACION EN LA ETAPA DE 5 A 8 MESES

Sus juguetes favoritos

Veamos ahora como la capacidad para reclamar la atención de sus padres se ha perfeccionado y refinado mucho; y como nos encontramos en un momento clave para la inminente aparición del lenguaje.

Relaciones sociales
Durante esta etapa se mostrará muy alegre y sociable si no padece ningún malestar, aunque progresivamente irá mostrando cierto recelo ante personas desconocidas.
El aspecto más importante en este área es el de no fomentar los lloros de demanda con una atención excesiva por nuestra parte.
Como ya apuntamos en la etapa anterior, lo mejor es prevenir: si el niño está entretenido, si no se encuentra solo y aburrido, reduciremos sus demandas de atención. Cada vez será más fácil que el niño permanezca entretenido él solo, sin necesidad de que haya un adulto con él; sólo habrá que proporcionarle los medios adecuados: bien sean juguetes o actividades y tareas que llevar a cabo.

En esta etapa los móviles que colgaremos de su cuna (teniendo cuidado pues si los alcanzan ya tienen mucha fuerza y los pueden tirar), objetos grandes que manipular y los espejos, continúan siendo los juguetes preferidos del bebé.

Estimulación del lenguaje
Nos acercamos a los 10 meses de vida, al momento en el que pronunciará sus primeras palabras. Que el niño de 5 a 8 meses no sepa hablar no quiere decir que no comprenda el lenguaje, y que no esté desarrollando cierta conciencia fonémica. ¿Qué podemos hacer para estimular el desarrollo del lenguaje?
Hablar mucho al niño: con un lenguaje correcto, sencillo y claro.
Crear signos y gestos que acompañen nuestras palabras y que faciliten la comunicación con nuestro hijo. Un niño de 8 meses es capaz de manejar con facilidad más de quince gestos asociados a palabras o acciones: todos los niños aprenden de una manera natural a decir adiós moviendo la manita, a decir “no” moviendo la cabeza hacia los lados, etc. Pero podemos crear gestos más complejos para otras acciones: como saltar, abrazar, oler, tener frío, tener hambre o sed, dormir...
Como ya hemos apuntado en etapas anteriores, conviene continuar imitando los balbuceos que hace el bebé e invitarle a que él imite los sonidos que nosotros provocamos a partir de los suyos.
Cada vez la lectura de cuentos puede ser más enriquecedora, participativa y divertida (consulta nuestros consejos en el artículo: “Vamos a leer un cuento”).
Cántale canciones o recita rimas sencillas en las que aparezcan palabras/sonidos que se repiten frecuentemente.
Busca cualquier excusa para hablar con tu niño y explicarle o describirle lo que veis o lo que hacéis. No escatimes los detalles: fíjate siempre en el aspecto de las cosas sin obviar los rasgos más sobresalientes y destacados (si es grande o pequeño, si está cerca o lejos, el color...).
Trata de relacionar tus palabras con cosas que el niño ya conoce. La mejor forma de aprender es relacionando los nuevos conceptos y palabras con los ya conocidos.
Nos acercamos al momento en el que el niño empezará a emplear las “jergas”, esas cadenas de sonidos, ruidos y balbuceos que emiten los bebes hacia el final de su primer año de vida y que recuerdan a una lengua extranjera. Desde las primeras aproximaciones no desaproveches la oportunidad de escucharle y de comunicarte con él, recurriendo a la imitación, al empleo de rimas y canciones que surjan de algún sonido emitido por el niño, etc.

Estimulación del razonamiento simbólico
Aunque la capacidad de llevar a cabo razonamientos simbólicos se producirá más adelante, nos encontramos en un buen momento para iniciar algunas aproximaciones al mismo.
¿Cómo?: por supuesto a través del juego. A los ocho meses podemos introducir algunos juguetes que permiten juegos de simulación y/o de imitación: un teléfono de juguete con el que llamaremos a papá o a mamá, unos platos y cubiertos de juguete con los que jugaremos a las “comiditas”, un volante con el que jugaremos a conducir mientras hacemos el ruido del motor con la boca...

 

 

 

 

   
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