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LLEGA EL VERANO... PROTÉGELE DEL SOL
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Llega el verano, y nos encanta pasar las horas al sol. Pero ¡cuidado! El sol es muy agradable, pero también muy perjudicial para la salud. La clave para disfrutarlo está en tomar ciertas precauciones.

El espectro solar está formado por tres tipos de radiaciones que llegan a la Tierra e interactúan con la piel. Ellas son: rayos ultravioleta (5%), luz visible (45%) y rayos infrarrojos (50%).
Los rayos ultravioletas (RUV) se dividen en tres bandas: UVA (320-400 nm), UVB (290-320 nm) y UVC (200-290 nm). UVC son detenidos por la capa de ozono y no alcanzan la Tierra; son incompatibles con la vida vegetal y animal. UVA y UVB son los que más nos interesan.
UVB producen las quemaduras solares y son los responsables más directos del cáncer de piel. Fluctúan durante el año, penetrando la atmósfera con mayor intensidad al mediodía y en verano.
UVA son los responsables del bronceado sin enrojecimiento previo, del fotoenvejecimiento cutáneo, del daño ocular (cataratas) y de las reacciones a drogas. Su intensidad es estable durante el año y el día. Penetran la piel más profundamente que UVB. Traspasan las nubes, los vidrios y el agua. Tienen efecto acumulativo sobre la piel y potencian la acción de UVB.

Los efectos biológicos de los RUV (rayos ultravioletas) pueden ser agudos y crónicos. Los agudos son el enrojecimiento y bronceado, la producción de vitamina D (fija el calcio en los huesos), las cataratas, la depresión de la inmunidad. Los crónicos son el cáncer de piel, el envejecimiento cutáneo (arrugas, atrofia, pérdida de la elasticidad).
Nuestra sociedad valora el bronceado y lo considera símbolo de salud, de bienestar, de status social. En 1935, antes de la era del bronceado, la incidencia del melanoma (tumor más maligno de piel), era de 1 en 1.500. Hoy, es de 1 en 75. Con esto no queremos decir que el problema es el sol, sino nuestra relación desequilibrada con él. El daño solar es acumulativo e irreversible sobre la piel. Tres de cada cinco cánceres de piel podrían evitarse con medidas acertadas de prevención.

Cuidándonos con ayuda: los protectores solares

El protector ideal debería ser de amplio espectro (contra UVA y UVB), absorbiendo la radiación nociva, estable a la luz y el calor, resistente a la transpiración, inodoro, económico y que no produzca manchas. Pero la realidad es que ninguno protege del todo indefinidamente.
La eficacia para prevenir la quemadura solar se cuantifica con el factor de protección solar. Este es el resultado de la siguiente ecuación:

FPS

Un FPS 15 significa que se puede permanecer expuesto al sol 15 veces más antes de presentar una quemadura solar que si no hubiera usado protector solar. Por ejemplo, un niño sin protector solar tardó 10 minutos en alcanzar enrojecimiento en la zona expuesta. Si hubiera usado FPS 15, para lograr ese mismo enrojecimiento habría tardado 10' x 15= 150 minutos.
Un FPS 4 bloquea el 75% de los rayos, en tanto un FPS 15 el 93%; un FPS 30 el 97% y el FPS 60 el 98,4%. Se estima que un FPS 15 es adecuado, y para pieles muy sensibles conviene un FPS 30.
Importante: el protector debe ser colocado 30 minutos antes de la exposición uniformemente y renovarse cada 2 a 3 horas. La sudoración y el baño disminuyen su efecto.
El uso de protectores solares está contraindicado en lactantes menores de seis meses.

El ABC de la prevención

Podemos nombrar dos datos vitales para "activar" nuestra conciencia respecto de los efectos nocivos del sol:

  1. Hasta los 18 años, el ser humano recibe el 50% de la RUV total de su vida.
  2. Con adecuada protección hasta los 18 años, se disminuye el cáncer de piel en 70%.

No existe un tratamiento específico para las quemaduras solares ni para el cáncer de piel. El sol carece de antídoto. Es por eso que la prevención es el pilar más importante.

Concienciar a los padres de los peligros del sol, no sólo de los efectos agudos y rápidamente visibles, como quemaduras y ampollas, sino de los que suceden a largo plazo (cáncer de piel, fotoenvejecimiento cutáneo).
Usar ropa adecuada, por ejemplo algodón tramado. Los colores oscuros absorben más RUV; en cambio los colores claros absorben menos rayos IR (protegen menos pero son más frescos).
Evitar la exposición solar entre las 10 y las 15 hs.
Usar anteojos de sol con filtro para LUV.
Usar protector solar en niños mayores de 6 meses. No dejar de colocar en "zonas olvidadas": orejas, nuca, rodillas, empeine, labios. Renovar cada 2-3 horas.
Regular el tiempo de exposición en colonias, clubes, colegios.
Crear espacios de sombra en parques, piletas, espacios públicos.
Realizar campañas de fotoeducación en colegios desde Jardín de Infantes. Instruir a profesores de gimnasia. Incluir gorros con viseras en el uniforme reglamentario.
Liberar de impuestos a los protectores solares.

Los niños no reconocen los riesgos y consecuencias del sol. Aprenden del ejemplo. Si antes de los 18 años reciben el 50% de la RUV de sus vidas, deducimos que la fotoprotección en la infancia redunda en grandes beneficios futuros.
No se trata de vivir sin el sol, sino de adoptar medidas de prevención. Generemos hábitos y conductas desde pequeños, educándolos para vivir con el sol de manera responsable.

Para tener en cuenta
- La sombra no siempre garantiza una adecuada protección. Existen superficies reflectoras: nieve, arena, agua, cemento.
- El ozono nos protege del sol. Pero debido a la industria, polución, y sustancias químicas varias, se está dañando esta capa de la atmósfera y esos agujeros permiten una mayor llegada de RUV.
- Algunos medicamentos (antibióticos, antiinflamatorios, anticonvulsivantes) pueden provocar reacciones cutáneas en zonas expuestas a la luz solar.
- Para una adecuada síntesis de vitamina D es suficiente una exposición de sólo 10 minutos dos veces por semana

Dra. María Laura Gioseffi
Revista El Nido
Médica pediatra y dermatóloga infantil del Hospital Italiano - Depto. de Pediatría, sección Dermatología Pediátrica.

 
   
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